"Las tres edades" de Giorgione

¿Y si hubiera alguien inmortal?

Pongamos por caso que en una de estas ventoleras inexplicables que tiene la vida nos topásemos con alguien, digamos que un hombre. Rostro adusto, barba hirsuta, ojos pequeños y brillantes, tal vez cansados. Digamos que su procedencia nos es desconocida, nada en él nos llevaría a concluir que proceda de la huerta valenciana o de los fiordos noruegos: tan solo es un hombre.

Imaginemos por un momento que, pese a todo, ese hombre se dirige a nosotros porque, casualidades de la vida, es nuestro médico de cabecera, el portero de la casa o el distante conductor del 21, esa sombra uniformada y desaliñada a quien saludamos cada mañana en un acto reflejo tan despojado de humanidad como la primera meada del día.

Ludwig van Beethoven

“Claro de Luna” de Beethoven y “La memoria del tiempo”

[…] Caroline, arrastrando un aparatoso vestido encorsetado con las mangas llenas de ribetes y la falda larga y muy desarrollada simulando llevar un miriñaque debajo, se sentó como pudo en el brazo del sofá donde reposaba el discípulo de su marido […].

–¿Sabe por qué se llama “Claro de Luna” esta sonata? Beethoven paseaba por uno de los barrios más humildes de Bonn –continuó sin dejarle responder–, en compañía de un amigo. De pronto, de una de las casas comenzó a desprenderse una melodía que acompasaba un bello atardecer de 1801. El maestro es muy impulsivo, así que sin presentarse previamente entró en aquella casa siguiendo las notas que se desgranaban sobre un piano poco afinado. Al llegar a un oscuro y pequeño salón, descubrió a una joven trabajando sobre un banco de zapatero. Junto a ella, en un viejo piano cuadrado probablemente rescatado de un vertedero, una menuda niña deslizaba sus diminutas manos por las teclas haciendo sonar la “Fantasía coral” como si se tratase de una reputada pianista vienesa.

Schinkel no pudo evitar sonreír al escuchar la dulce voz de Caroline. Cada palabra que salía de su boca le encandilaba aún más y escuchaba la música que ella mencionaba como si pudiese seguir tocándola incluso allí sentada, a muchos metros del piano.

–El maestro Beethoven se acercó a la niña. Sus manos correteaban juguetonas por el piano, pero su mirada estaba vacía, fija en algún punto indeterminado más allá de los muros de la casa. “Es ciega”, dijo su hermana mientras se afanaba en limpiar unos zapatos de piel. La niña, reparando en la presencia de un extraño, se detuvo. Beethoven quiso saber dónde había aprendido a tocar, a lo que ella contestó: “Antes vivíamos junto a una maestra de música que enseñaba a sus alumnos con partituras del maestro Beethoven, su música es la única que me permitía ver, así que terminé por aprender a tocar tan solo escuchándola. Mi hermana encontró este piano abandonado y lo trajeron aquí” –Caroline había imitado la voz de una desamparada niña para completar su relato con una ternura que casi le hizo saltar las lágrimas a Schinkel.

–Es realmente una bella historia.

–Aún no he terminado –simuló teatralmente que se enfadaba y dejó escurrir su cuerpo por el brazo del sofá hasta quedar sentada junto al pintor–. Emocionado, Beethoven caminó hasta el piano y se sentó junto a la niña comenzando a tocar su sonata “La Tempestad”. La niña reconoció en seguida la música y, temerosa, tocó algunas notas junto al maestro. Lágrimas muchos años retenidas comenzaron a brotar de los inermes ojos de la muchacha: “¿Es posible que sea usted el maestro Beethoven?” –De nuevo imitó la voz de la niña–. “Sí. Escucha, ahora tocaré para ti”, contestó –por suerte Caroline no intentó poner voz varonil–. Después siguió tocando para el disfrute de la niña, pero una ráfaga de aire provocada por la interrupción en el salón del hermano de la muchacha, que quería saber quiénes eran los intrusos, consumió la única vela que alumbraba la soledad de aquella familia humilde. Beethoven se levantó y abrió un ventanal permitiendo que la luz de la Luna, pues ya había anochecido, entrase en la habitación. Se sentó de nuevo al piano y dijo: “Improvisaré una sonata a la luz de la Luna”, y sus manos expertas comenzaron a transportarse con lentitud sobre el teclado del piano, emitiendo una melodía triste y cargada de melancolía pero también de elegancia y dignidad, una sonata fantasma que se impregnaba de la emoción de aquella niña ciega que, a la luz de la Luna, escuchaba atenta la lección de un maestro que la había acompañado en el silencio de sus sombras durante años.

“La memoria del tiempo”.

Portada de "La memoria del tiempo"

“La memoria del tiempo” y de la historia

Reflexiono a menudo sobre la memoria, sobre el pasado. Quien haya leído mis anteriores novelas sabe a la perfección que son asuntos que siempre aparecen, de uno u otro modo. Creo que la historia es en cierta medida cíclica y que aprender de los errores del pasado nos faculta para encarar el futuro con una disposición más adecuada. Quizá, solo quizá, esa es la razón que llevó al destino a hacerme historiador, aunque sea con apellido (del arte).

Y así surgió la idea de escribir “La memoria del tiempo”, novela que acaba de salir publicada en la Editorial Amarante. Quizá la primera reflexión pueda ser acerca del título, ¿tiene el tiempo memoria? Eso nos llevaría a discusiones mucho más profundas como, ¿qué es el tiempo? La memoria del tiempo, en mi humilde opinión, es la propia historia contada segundo a segundo, lo que va dejando atrás el tiempo según continua en su inexorable proseguir hacia delante. Es, por tanto, una memoria juguetona que no ha quedado escrita y que se va transformando según la observamos desde ese cristal oblicuo que es el tiempo.

Ese cristal oblicuo, precisamente, hace mucho que se rompió en miles de pedazos y ahora tenemos múltiples perspectivas de lo que es en realidad la historia. Viajar en el tiempo es el sueño no solo de todo científico, sino sobre todo de cualquier historiador, pero a buen seguro que vivir los hechos históricos no sería tan “real” como contarlos.

#creoenlamagia

Concurso #creoenlamagia en Twitter

El concurso #creoenlamagia en Twitter comenzará esta misma noche a partir de las 0:00 horas y durará hasta las 23:59 del 31 de agosto de 2014… una ocasión inmejorable para conseguir un ejemplar de ¿Crees en la Magia? en edición de lujo, con portada alternativa y firmado y dedicado por el autor.

¿En qué consiste?

Durante este periodo, deberéis ser seguidores de la cuenta @TorrasJavier de Twitter y enviar un tuit explicando qué es para vosotros la magia, por qué creéis en la magia o qué es lo que en vuestra opinión puede hacer la magia. En el tuit debéis incluir el hashtag #creoenlamagia y la mención@TorrasJavier.

¿Cuál es el premio?

El premio es doble: por un lado el que tuit con mayor número de retuits recibirá un ejemplar de la novela ¿Crees en la Magia? en edición de lujo (pasta dura con sobrecubierta) y con una portada alternativa. Por otro, ese mismo tuit será incluido como una cita en la segunda edición de la novela… por supuesto, señalando la autoría del mismo.

¿Qué hay que hacer para ganar?

Sé ingenioso, piensa una frase interesante que exprese lo que sientes acerca de las tres claves que os damos… y sé concreto, tienes poco más de 110 caracteres, ya que has de incluir el hashtag #creoenlamagia y la mención @TorrasJavier. Sé original, no copies ni plagies… y sobre todo intenta tener el mayor número de retuits, así que además de tuitear algo interesante, lo ideal es que lo compartas con todo aquel que puedas.
¿Crees en la magia en Amazon?

Amazon y los autores “indie”

Amazon es, sin lugar a dudas, uno de los mercados de la cultura y espectáculo más crecientes en este momento. Si buscas películas, música o libros, es casi seguro que lo encontrarás en Amazon, y probablemente en una gran variedad de formatos.

¿Esto es bueno? Pues, como casi todo en la vida, tiene su parte positiva y su parte negativa. Pero no pretendo adentrarme en los oscuros pasillos del gigante americano, solamente quiero explicar el porqué de publicar mi novela en Amazon. Y este porqué es altamente sencillo. Una de las principales preocupaciones a la hora de publicar una novela es cómo hacerla llegar a los lectores. Esto es lo que ha llevado a la industria del libro a fabricar eReaders cada vez más potentes, pues la comodidad de adquirir un libro desde casa y llevarlo junto con media biblioteca en el bolso o la mochila, es sin duda un gran progreso.